viernes, 9 de abril de 2010

La inspiración

Mi multitudinario club de fans se habrá estado preguntando dónde coño me había metido.
Es una muy buena pregunta ¿Habré estado viajando por el mundo? ¿Viviendo a todo tren, con derroche, sexo, drogas, rock & roll y todo lo que los envidiosos de vida normal llaman "mala vida"?


Casi.


También se estarán preguntando para qué cojones he vuelto.
Eso también me lo pregunto yo, porque si por lo menos tuviese algo interesante que contar, pues todavía. Pero realmente llevo siglos sin pasar por aquí debido a mi agitada vida académica. Las clases me roban tanto tiempo que hasta me he plastificado los apuntes para estudiar en la ducha. Igual ahí estoy exagerando un pelín...

Pero vamos, dentro de lo aburrido, lo repetitivo, lo iterante, lo cansino, lo reiterativo y lo rutinario de mi vida de estudiante, también paso por esos grandes conflictos que contados por Stephenie Meyer parecen importantes.
Yo no tengo vampiros emos, ni complejo de inferioridad, ni dependencia patológica de nadie.
Pero tengo compañeros idiotas, planos y que no aportan nada a la historia.

El aburrimiento, la carencia de mundo interior propio y la falta de emoción de sus vidas ha hecho que estén más centrados en sus notas que en las mías.
No me extraña. Mis notas son de puta madre, al menos comparándolas con las suyas.
Pero vamos, en el fondo me da bastante por saco que se estén dedicando en cuerpo y alma en montar y desmontar teorías sobre la fuente de mis notas.
Por otro lado, los de Letras están emperrados en que los de Ciencias somos unos elitistas que nos creemos más que nadie y han deducido hábilmente que pensamos que ellos se tocan la entrepierna. Y todo porque no hemos querido cambiar una fecha de examen para hacerles a ellos un favor.
Está claro que cuando uno es imbécil, da igual la rama que coja. Como no sea una rama tupida y con hojas para ocultarse por vergüenza...

Sin embargo hay otras personas acojonantemente brillantes.
Y no, no son Edward Cullen en Torrevieja en agosto.
Son esas personas que INSPIRAN, que te animan a hacer algo más, a seguir adelante y a querer ser como ellas.
Un ejemplo muy cercano a mí y que me honra tener tan al alcance de la mano, es mi profesora de Lengua y Literatura.
Es de esas personas que ennoblecen esta profesión, de las que hacen que no te vayas de su clase con una duda, de las que se quedan el tiempo que haga falta, cuando haga falta y las veces que hagan falta para ayudarnos a salir a flote. Y no hay duda que no sepa resolver, faltaría más.
Una mujer que siempre ha resultado muy severa a la vista, pero encantadora en el trato.
Una profesional de la docencia.
Es de esas personas que motivan a hacer cosas nuevas, que comprenden y abren nuevos horizontes a los que estamos empezando. Siempre nos hace pensar, nos hace profundizar y nos pide siempre más. Dura corrigiendo pero justa, siempre justa. Un siete con ella es un diez con cualquiera. Cada clase es magistral. Este curso su asignatura está yendome como la seda, porque todo lo que aprendí de ella el año pasado lo retengo en mi memoria y sé que jamás aprenderé tanto como he aprendido con ella.

Por su forma de hacer las cosas, por su forma de enseñárnoslas, por su carisma, por su cariño (a pesar de la guerra que damos) y por lo muchísimo que disfruto al oirla hablar, dedico esta entrada a todas aquellas personas que como ella, hacen que los demás nos sintamos verdaderamente INSPIRADOS.




Y es que nunca se sabe con qué forma se puede presentar la inspiración.

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