jueves, 29 de abril de 2010

Mi pequeño vicio

-He suspendido Matemáticas

-Bueno, tranquila, ya lo sacarás.

-Soy más bajita de lo que quisiera.

-Tranquila, ya crecerás.

-A lo ancho seguro... (snif)

-No te disgustes.

-Me atropelló un camión de mudanzas.

-Vaya, qué putada.

-Y me mordió un cocodrilo albino en el estanque del Retiro.

-Qué mala pata.

-Me cagó una paloma en una boda.

-¿Y de qué color ibas?

-De negro.

-Jo.

-También me cai por las escaleras y me quedé tonta. Y mi casa se puso a arder por el gas que provocan los judiones de la fabada que estaba preparando mi madre.

-Eres un carrito de música... ¬¬

-Y cuando me pongo afónica hablo como Don Vito Corleone ¿Te comenté ya que me secuestró la mafia china.

-...

-Venga, dilo... mi vida es una mierda.

-Llevas razón. Lo es.








Me encanta llevar la razón. Siempre.

Y amén


martes, 27 de abril de 2010

Marchando una "enferma mental"

Nunca se sabe cuándo puede surgir una tontería que te tiene medio día riéndote como una estúpida.
Al menos la mayoría del mundo no lo sabe. Yo vivo así. Es mi estado natural. Yo nací riéndome de algo de lo que no me acuerdo, quizá me hizo gracia Rafiki... que no me dejó ni respirar, nada más salir...
Bueno, que me voy de tema.

El caso es que a parte de ser conocida mundialmente por mi mala leche, se me suele señalar que me paso el día riéndome de cosas que no tienen sentido.
Hoy, en Historia, hemos descubierto a un personaje mítico llamado "General Mola"
El señor en cuestión era muy desgraciado. Su madre eligió un nombre muy feo para él. "General" no es un nombre bonito y tampoco inspira simpatía. Podría haberle llamado Emilio, así al azar... pero bueno, este hombre, por contra tenía el mejor apellido del mundo mundial. Por eso, y gracias a él, hoy he estado riéndome toda la clase de Historia.

-Uno de los golpistas, fue el General Mola.
-Mazo (jijiji)
-...Esa frase fue prinunciada por Mola...
-Mogollón.
-El jefe del Ejército del Norte era el general Mola.
-Mucho ^^

Y así toda la clase.
Pero como sé que os desasosiega el sosiego saber qué sucedió con el ilustrísimo general... tengo malas noticias. Se estrelló un avión y casualmente iba él dentro. Igualito que su colega Sanjurjo. Que también iba en un avión que se estrelló.
Pero no, no iban en el mismo avión. Eran diferentes.
Ya se sabe que Iberia es una mierda...
Pero vamos... o los Republicanos se olvidaron de joder el avión de Paquito... o el mecánico de los aviones era primo del Generalísimo.
Pobre Mola... con el buen rato que me ha hecho pasar. Ahora tendré que resignarme y volver a buscar figuras en las nubes durante las clases de Historia.

Pero es que de algo tengo que reirme. El problema es que el mundo no se pone de acuerdo y no sé cuándo tengo que hacerlo.
Envían un cargamento de tropecientos mil fusiles con cartuchos que no coinciden y no puedo reirme.
Prenden fuego una mesa electoral en el siglo XIX porque querían amañar las elecciones y no puedo reirme y decir que menudos desgraciados, que a parte de joderles un domingo, se vuelven "calentitos" a sus casas.
Tampoco puedo reirme cuando se cae alguien. Y tampoco cuando solo es un amago.
No debo reirme cuando me dicen que la levadura es una bacteria.
Y cuando me dicen que el "Romancimiento" se dio en el siglo XIX tampoco, porque un error lo tiene cualquiera.

Jo.
¿De qué me voy a reir estando ahí encerrada seis horas?
Las otras cosas que me ocurren solamente animan a una a ponerse a llorar... o a cabrearse.

-Uy, madre mía, vamos fatal de tiempo, de verdad, no vamos a poder terminar ¡Vamos, chicos!
-*Sacamos todo, nos preparamos psicológicamente*
-Es que de verdad, no sé si os dais cuenta del poquito tiempo que queda para terminar el curso.
-*Miramos a la pizarra, expectantes*
-Y daos cuenta de que quedan dos temas y el examen está ya ahí... ¡a ala vuelta de la esquina!
-...
-Pero vamos, estas cosas, si no se estudian poquito a poco todos los días, da igual que no terminemos, porque si no lo hacéis no vais a aprobar...
-...*cofcof*
-De verdad, ¡qué agobio! ¡qué prisas! ¡qué estrés!

Qué pesada.
Un agobio. Se le nota el ansia.
O si quieren, me descojono cuando me den un cuatro en Matemáticas.
De verdad, si no me permiten hacen humor negro, ni humor estúpido, ni reirme de la desgracia ajena, ni de la estupidez ajena, ni de la mía propia... no sé donde vamos a ir a parar.
Así va el país.
Estas cosas con Sauron no pasaban. ¬¬

Además, tampoco puedo hablar de cadáveres (sí, soy una rencorosa, aun lo tengo grabado), ni de frikadas, ni de películas de Disney (¡Ay omá!), ni de mi cafetería favorita porque si no van a ir en tropel a quitarme sitio... y tampoco puedo imitar a nadie porque se ofenden, ni hablar mal de Crepúsculo porque me pegan, ni criticar el "reguetón" porque me pegan, ni decir que los tangas sobaqueros me dan asco porque me pegan...
Así solamente me queda como consuelo... llorar xD

Pero afortunadamente tengo poco respeto por mi integridad física, porque soy una enferma mental. Y hago lo que me da la gana. Y me parto con todo.
Con algo tengo que compensar mis cabreos apocalípticos que todo lo pueden.
Para que lueg digan que soy pesimista.


Moraleja: Hagan el ganso, que es sano.

jueves, 15 de abril de 2010

Excursiones y experiencias... ¿Expectaculares?

Hoy una servidora ha ido a un sitio alucinante.
Adivina adivinanza.
¿A la Zarzuela?
¿A la ópera de París?
¿A la casa de Bill Gates?
No, señoras y señores, he ido a la facultad de Medicina.
Que es notablemente más alucinante que cualquiera de todos esos sitios, porque lo digo yo, y punto en boca.

En principio, nuestra misión era ir a ver el microscopio electrónico de transmisión. Ha estado muy bien, muy didáctico y muy interesante. He visto cosas con un aumento que ni sabía que existía y encima lo he visto todo en verde fosforescente. Plus de genialidad.

Pero claro, hemos llegado al sitio sorteando infinitos obstáculos complicados que harían empalidecer a Hércules y sus trabajitos.
A parte de sobrevivir a un conductor de autobús loco, logramos atravesar 700 metros de charcos profundos como la fosa de las Marianas, barro, aceras poco rectas, adoquines levantados, vallas y pasos de cebra inexistentes.

Es decir: Cuando no tenías que abrir el charco como hizo Moisés o caminar sobre las aguas, te ponías de barro hasta las orejas o trastabillabas con cualquier cosa... un señor taxista te miraba mal porque tenías que cruzar.
Y es que los señores taxistas tienen mucha mala hostia acumulada.
A parte de ser más raros que un perro verde cuando solicitas sus servicios, se ocupan de recordarte que existen cuando eres peatón.

-Chicos, creo que podemos cruzar a...*Taxi pasa a 100 en ciudad, pita y te baña con el agua de un charco* ...hora

Y es que no hay peor delito que caminar, oigan ustedes.
Pero bueno, en este caso, no creo que mereciésemos que un señor taxista nos fulminase con la mirada.
Queríamos cruzar, le hicimos parar y él llevaba a un cliente. Es bueno para él y para su señor taxímetro. Si la cosa es quejarse.
Además, no puedo olvidarme de mencionar el hecho de que la mitad de la gente iba por la calle con batas blancas y me daba una envidia de narices. Pero bueno, hacía frío y las batas molonas son un rato, pero abrigar, no abrigan. Chúpate esa.

En fin, el caso es que una vez entramos en la facultad ahí solamente se hablaban de procesos metabólicos, sistemas, histología y... laxantes.
Temas distendidos para los cambios de clase y tal.

Pero bueno, como éramos siete forasteros pringados, no llamamos mucho la atención. Al menos mientras veíamos laboratorios y salas con nombres más largos que los créditos de Ben Hur.
El descontrol vino cuando, de camino a la zona de microscopía pasamos por una sala muy diáfana y chunga.
Retrocedemos unos pasos.
Habría jurado que he visto un tío en una camilla.
Casi.
Era un cuerpo que perteneció a un tío en una camilla.
Un muerto, vamos.

Yo avisé a mis compañeros de forma subrepticia:

-¡Mirad, es un muerto!


A partir de ahí, las reacciones fueron muy variadas. Demasiado para los poquitos que éramos.
Dos entraron en shock y no se arrimaron demasiado.
Tres dijeron que eran de mentira, que a ver cómo iban a tener ahí a un cadáver. (¿Un muerto en una facultad de Medicina? Hay que ver qué cosas extrañas ocurren en este mundo ¿eh?)
Otra decidió guardarse sus opiniones para ella.
Yo empujé a la gente para verlo mejor con una cara similar a esta: *-*
La profesora, nos sacó de dudas diciéndonos que, efectivamente, se trataba de un cadáver debido al olor a formol que desprendía.

Yo no tenía ni puñetera idea de a qué cojones olía el formol, pero después de eso, estuve diez minutos diciendo que "me gustaba el olor a formol por la mañana"

Pero vamos, eso se me pasó en cuanto vi un cartelito que ponía:

"Medicina tropical"

Todos nos quedamos mirando a la puerta con una cara de imbéciles que no nos aguantábamos ni nosotros. Y tras un momento de silencio la profesora dijo:

-Sabéis a qué se refiere ¿verdad?
-Sí.

Una mentirijilla no hace daño a nadie.

Y en cuanto se despistó empezamos a sacar teorías épicas.

-Seguramente ahí aprendan a tratar a la gente a la que le ha picado un... tucán.

En mi casa, sin embargo, nadie ha sentido entusiasmo por saber que he viso el interior de las mitocondrias, sinapsis neuronal y axones en el microscopio electrónico. Y mucho menos por saber que he tenido dos cadáveres a dos metros.
Y tampoco sienten interés por las picaduras de tucán.
Menudos tristes.

A parte de eso, en Madrid, los termómetros funcionan de miedo.
Todo el mundo iba con chaqueta y paraguas y el termómetro marcaba 45 grados. Cuarenta y cinco.
A ver si es que vamos a ser frioleros y todo.
Aunque yo creo que deben de haberlo puesto en grados Farenheit, porque si no, una diferencia de más de 30º es escandalosa hasta para nosotros xDDD
Eso es lo que se denomina un...
EPIC FAIL



viernes, 9 de abril de 2010

La inspiración

Mi multitudinario club de fans se habrá estado preguntando dónde coño me había metido.
Es una muy buena pregunta ¿Habré estado viajando por el mundo? ¿Viviendo a todo tren, con derroche, sexo, drogas, rock & roll y todo lo que los envidiosos de vida normal llaman "mala vida"?


Casi.


También se estarán preguntando para qué cojones he vuelto.
Eso también me lo pregunto yo, porque si por lo menos tuviese algo interesante que contar, pues todavía. Pero realmente llevo siglos sin pasar por aquí debido a mi agitada vida académica. Las clases me roban tanto tiempo que hasta me he plastificado los apuntes para estudiar en la ducha. Igual ahí estoy exagerando un pelín...

Pero vamos, dentro de lo aburrido, lo repetitivo, lo iterante, lo cansino, lo reiterativo y lo rutinario de mi vida de estudiante, también paso por esos grandes conflictos que contados por Stephenie Meyer parecen importantes.
Yo no tengo vampiros emos, ni complejo de inferioridad, ni dependencia patológica de nadie.
Pero tengo compañeros idiotas, planos y que no aportan nada a la historia.

El aburrimiento, la carencia de mundo interior propio y la falta de emoción de sus vidas ha hecho que estén más centrados en sus notas que en las mías.
No me extraña. Mis notas son de puta madre, al menos comparándolas con las suyas.
Pero vamos, en el fondo me da bastante por saco que se estén dedicando en cuerpo y alma en montar y desmontar teorías sobre la fuente de mis notas.
Por otro lado, los de Letras están emperrados en que los de Ciencias somos unos elitistas que nos creemos más que nadie y han deducido hábilmente que pensamos que ellos se tocan la entrepierna. Y todo porque no hemos querido cambiar una fecha de examen para hacerles a ellos un favor.
Está claro que cuando uno es imbécil, da igual la rama que coja. Como no sea una rama tupida y con hojas para ocultarse por vergüenza...

Sin embargo hay otras personas acojonantemente brillantes.
Y no, no son Edward Cullen en Torrevieja en agosto.
Son esas personas que INSPIRAN, que te animan a hacer algo más, a seguir adelante y a querer ser como ellas.
Un ejemplo muy cercano a mí y que me honra tener tan al alcance de la mano, es mi profesora de Lengua y Literatura.
Es de esas personas que ennoblecen esta profesión, de las que hacen que no te vayas de su clase con una duda, de las que se quedan el tiempo que haga falta, cuando haga falta y las veces que hagan falta para ayudarnos a salir a flote. Y no hay duda que no sepa resolver, faltaría más.
Una mujer que siempre ha resultado muy severa a la vista, pero encantadora en el trato.
Una profesional de la docencia.
Es de esas personas que motivan a hacer cosas nuevas, que comprenden y abren nuevos horizontes a los que estamos empezando. Siempre nos hace pensar, nos hace profundizar y nos pide siempre más. Dura corrigiendo pero justa, siempre justa. Un siete con ella es un diez con cualquiera. Cada clase es magistral. Este curso su asignatura está yendome como la seda, porque todo lo que aprendí de ella el año pasado lo retengo en mi memoria y sé que jamás aprenderé tanto como he aprendido con ella.

Por su forma de hacer las cosas, por su forma de enseñárnoslas, por su carisma, por su cariño (a pesar de la guerra que damos) y por lo muchísimo que disfruto al oirla hablar, dedico esta entrada a todas aquellas personas que como ella, hacen que los demás nos sintamos verdaderamente INSPIRADOS.




Y es que nunca se sabe con qué forma se puede presentar la inspiración.