domingo, 30 de agosto de 2009

Bodorrios y otras desgracias

La gente tiene que reafirmar su amor delante de tropecientos invitados, la cruz, el amor y la Santísima Trinidad para que sea válido y decente. Eso suena a una costumbre obseta ¿verdad?
Pues vamos jodidos, por que se sigue haciendo.
En teoría algo familiar se convierte en algo donde, por tener un huevo de invitados, invitas hasta al primo tercero del cuñado de la sobrina de tu tatarabuela, y una costumbre que no comparto pero que podría respetar se convierte en un puñetero circo en el que en vez de reírte, estar a gusto y distendido, estás pendiente de quien te mira, de no cagarla y de ir arregladita para la ocasión.
Como si hiciese falta montar un pollo, perturbar a la familia y joder a los amigos para decir "Sí, quiero"
En un juzgado te sale mejor. Y los invitados no tienen que hipotecar todo su patrimonio para no quedar mal con la parejita feliz, que luego, a efectos prácticos recupera todo lo que se ha gastado gracias a las generosas aportaciones de los mil invitados. Muy bonito. Muy romántico. Muy puro.


Me parece que se va a casar su padre
Te rogamos señor... te rogamos, óyenos