lunes, 25 de octubre de 2010

Cultura general

Todo el mundo conoce esa frase de " hay dos tipos de personas, los que saben/pueden/tienen/son capaces de *introduzca aquí el texto deseado* y los que no"
¿Quién no ha dividido en dos grupos la población mundial? Eso es algo sano, es algo estimulante, siempre y cuando no digas esto:

"Hay dos tipos de personas: Los que deben morir y los que pueden vivir" (Muy propia de Hitler y allegados)

O bien

"Hay dos tipos de personas: Los que tienen que morir y los que hay que matar" (Que se puede aplicar a cualquiera que de el perfil de psicópata)

Mientras no caigas en la violencia extrema, en la muerte y el genocidio, vas bien.
Así que no se sientan ustedes culpables por catalogar, etiquetar y dividir de manera arbitraria.
Yo lo hago.
Sé que no es consuelo, pero... voy a compartir mi inmensa sabiduría con todos ustedes, damas y caballeros; niños y niñas; personas humanas y no humanas; miembros y miembras; amigos y amigas; grandes y pequeños, frikis y más frikis aun... (ya vale, ¿no?)

He aquí mi clasificación:


1.

Los que saben mantener ordenada la carpeta:
Son entes extraordinariamente raros que representan 1 de cada 200.000 estudiantes de cualquier nivel. Se caracterizan por llevar la carpeta impoluta, sin un papel fuera de su sitio, sin una mísera hoja traspapelada, sin un triste roto ni un triste doblez accidental en cualquier folio (guardado con mimo en un forro que envasa el papel en atmósfera protectora) y por supuesto, sin un tachón, porque lo pasan a limpio everry single day. Y además... estos seres consiguen mantener cerrada la carpeta no importa la cantidad de material que contenga.
Puede llevar los Episodios Nacionales fotocopiados a una cara y en verso que siempre, y digo siempre, mantendrán perfectamente cerrado el archivador sin el menor signo de presión o esfuerzo.
En resumen, gente ordenada

... Y los que no:
Yo. Yo pertenezco al multitudinario grupo que comienza con la intención de pertenecer al selecto grupo de la gente organizada y en cuanto saca dos hojas es físicamente incapaz de buscar el separador y guardarlo en su apartado correspondiente. Por pereza. Por la omnipotente, omnipresente y ubicua (amo esa palabra) pereza que se cierne sobre nuestras almas pecadoras y... *cof cof* . Pues eso, que a las dos semanas de haber empezado el curso la carpeta no cierra y encima sobresalen los cuatro folios que llevas porque lo de meterlos en forros también requiere un esfuerzo supremo que no estamos dispuestos a soportar. Eso conduce a la inexorable pérdida de material de estudio y a la consiguiente crisis de nervios, que a su vez de llevará a prometerte pasarte al otro bando y ser ordenado. Y como mientes como un bellaco, terminas por asumir que irás al infierno, tendrás que pedir apuntes y entrarás de nuevo en el bucle.


2.

Los que son capaces de aguantarse la risa/reirse con discreción:
Entes superiores que tras presenciar una idiotez enorme, una caída tonta, una metida de pata ajena de las dimensiones del Sistema Solar son capaces de mantener la cara de poker y, como mucho, carraspear y evitar que se les note el cachondeo. Da igual lo gracioso que sea o lo mucho que se rían a su alrededor, poseen la habilidad de apagar su cerebro porque tienen horchata en las venas y así se libran de cualquier comentario posterior referido a su crueldad tras el episodio bochornoso.
Posiblemente, tras alejarse de la zona del desastre hagan comentarios o incluso, los hagan en plena zona cero pero sin que se les note. Su gran poder es escurrir el bulto y hacer que se rían los demás aun más fuerte. Ellos, como seres superiores, solo se rien mentalmente.

...Y los que no:
Una servidora. Me giro, me aparto, me agacho o me tapo la boca, pero me descojono automáticamente. Todos procuramos que no se nos note de huir. Todos los seres humanos, que al igual que yo, tienen la malicia puesta en un resorte que salta a la mínima, somos víctimas potenciales de los del primer grupo ya que nos necesitan para que exterioricemos sus sentimientos. Y vaya si lo hacemos. A veces incluso, competimos contra ellos. A nosotros nos llaman "crueles" pero ellos son los verdaderos agitadores.
Hay diversos grados dentro de este grupo y los que realmente se ríen y señalan son conocidos como "Los Nelson" o "los cabronazos insensibles". La mayoría pertenecemos a niveles más cívicos.



3.

Los que gritan al hablar por teléfono:
Son personas que poseen esa característica de abuela con móvil. Es un caso frecuente entre las personas de la tercera edad y entre algunos hombres (generalmente padres de familia). Muchas veces tu padre te dice que no grites y después solo hay que verle cuando pilla el teléfono. Su modus operandi es hablar a un volumen razonable hasta que les suena el móvil:

-Claro, porque no estoy de acuerdo con la política intervencionista de... *ring-ring*... Disculpa, el móvil... SI, DIME, ¿QUÉ PASA?...¿CÓMO TE VA?

Son gente que, o bien está poco familiarizada con las nuevas tecnologías en general o tiene poca confianza en los satélites.
Como apunte cabe añadir que todos aquellos que gritan por el teléfono también suelen gritar a los extranjeros. Al ver que no les entienden en el tono normal... les chillan.

Y los que no:
El resto de la población mundial, que no grita ni aun cuando no hay cobertura. Vamos, la gente normal.



4.


Los que vocalizan cuando hablan:
Personas que, en su intrínseco deseo de comunicarse con los demás, tratan de enviar de forma clara el mensaje. Incluso soportaron a los logopedas en su más tierna infancia (odiaba a mi logopeda... ¬¬). Son gente con las que el proceso comunivativo fluye fácilmente.

Los que no:
Los demás idiotas que te hablan en un dialecto desconocido y encima se encabronan cuando les dices que no les entiendes. Es un fenómeno cada vez más frecuente entre los señores, señoras, señoritos y señoritas que llaman por teléfono para venderte la promoción de turno.

-Nahtarde, 'quí YonatanPere de Teleónicad'spaña, ¿taríauté interesá'n nuehtra promosióh de'enticincomil megah con velosidá y llamáh grati?
-...
-¿Ta'uhté ai?
-No hablo muy bien el zulú.


5.

Los que llevan el móvil y lo escuchan cuando suena:
La gente que lo lleva en vibración o con sonido o por lo menos lo mira de vez en cuando aun que sea para ver la hora. Es decir, los que tienen el teléfono para algo más que para adornar. Y normalmente los que suelen llamar a los individuos que tienen el teléfono para nada.

Y los que no:
Tienen el teléfono de última generación, super cojonudo... pero lo apagan o lo llevan en silencio en el fondo del bolso y pasan de él... y jamás lo cogen cuando lo necesitan.
Son malas personas que deberían pagar contigo el dinero que pierdes después de escuchar el contestador por vigésimo quinta vez



Y creo que está bien por hoy.
Admitimos cualquier aportación, que el saber no ocupa lugar.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mi ración de indignación

Hoy estoy enfadada.
Muchos diréis "¡coño, pues aprovecha para hacer otra carta de esas tuyas, que cuando las escribes encabronada al menos no me aburro!" pero es que no puedo. Porque esto sí que me toca la moral.

Hoy al volver de la universidad, andaba yo por la calle quitándole el modo silencio al móvil (que si no mi madre luego pregunta que para qué puñetas quiero el móvil) y casi choco con un señor mayor que se paró de repente para mirar algo en la billetera. Yo me disculpé por ir en mi burbuja y el señor, muy amable, me dijo que no había problema.
No había avanzado ni tres metros y de repente oigo un ruido. Me giro y veo al señor apoyado en la pared a punto de caerse porque un típico macho alfa que iba con la novia casi se le llevaba por delante. El especimen iba agarradito con su churri por la acera y había considerado oportuno embestir a un señor mayor que estaba parado sin hacer daño a nadie a un lado de la acera, sin obstruir de ninguna manera la vía pública.
El caballero, lejos de poner el grito en el cielo por semejante falta de respeto, dijo:

-¡Vaya! ¡Si es que no hay cuidado!

¿Qué creen ustedes qué sucedió? Que la verdulera que acompañaba al energúmeno se giró como si hubiesen faltado al respeto a su santísima madre y se encaró al anciano alzando la voz y poniéndose brava. La pava se puso en plan Taxi Driver (Are you talking to me? Are you talking to me???) berreándole al señor:

¿¿¿A TÍ QUÉ COJONES TE PASA??? ¿¿¿QUIERES PROBLEMAS CONMIGO???


El gran cabestro (el novio de la princesita) la sujetó, porque la muy bestia iba derechita a por el señor, que se limitó a callar ante la actitud de la niñata subidita que tenía delante.
Yo, que me había parado atónita, también recibí mi parte, con el célebre:

¿¿¿Y TÚ QUÉ COÑO MIRAS???

El noviete casi se cargó a la asquerosa esa al hombro y se la llevó de allí.
Y yo me quedé medio en shock. Le recogí la billetera al señor y continué mi camino a casa con un malestar enorme. Realmente me ha entristecido mucho ver eso.

Igual se me toma por ingenua, pero francamente, yo nunca he contado con que la gente pudiese reaccionar tan exageradamente ante las cosas. Jamás he concebido la simple idea de ponerme a gritar a la gente por la calle como una verdulera chabacana y por extensión, tampoco creo a la gente normal capaz de hacerlo.
Y sigo sin poder creérmelo del todo aun que ya haya visto cosas así antes. Es que no me cabe en la cabeza.
¿Por qué la gente no echa toda esa mala leche y esos cojones toreros para defender sus derechos y para hacer las cosas como es debido? ¿Por qué no descargan esa energía en su casa o en sus trabajos con sus jefes (a los que seguro odian)?

No necesito una respuesta. La sé.
La realidad es que cuanto más bravucón intenta parecer uno, peor utiliza el carácter y con más facilidad pierde los papeles. La incapacidad de defenderse frente a los que de verdad te agreden o te dañan es lo que provoca esa frustración y esa funesta canalización de la mala leche.
Y que nadie se confunda. No es una justificación, es una constatación de un hecho.
Espero que a esa parejita les jodan bien y les paguen con la misma moneda. No les compadezco. No tengo lástima ni siento comprensión por la falta de educación ajena, y mucho menos cuando se dan casos así.
Por mí como si se operan. Me da asco convivir con gente así y saber que estoy expuesta a eso.
La cruda verdad es que hay mucha gente así. Mucha gente que no valora el buen trato, que no hace uso de unas sencillas normas de convivencia y educación. Gente que se cree que tiene el sentido del honor muy alto y que se pelean por un choque tonto en una calle cualquiera, y eso no hace sino demostrar lo contrario: que si necesitas encararte con alguien por una "falta" tan nimia (y muchas veces involuntaria) eres el gilipollas más propenso a que te puteen de todo el hemisferio.


Si le hubiesen montado semejante número a mi abuela... realmente no sé cómo de mal habría reaccionado. Me he quedado con muy mal cuerpo después de ver eso. Me he sentido muy mal por el señor. Y me ha llevado a pensar en las veces en las que yo he estado directamente implicada en situaciones así y en las que por llamar la atención a alguien por su comportamiento molesto, incívico y porculero, se me han puesto gallitos y me han acusado de racista intolerante porque seguro que solo le digo eso a los sudamericanos/marroquíes/inserte aquí la nacionalidad extranjera que desee.
Como si a mí me importase dónde cojones les parió su madre.
Como si a mí me afectase de alguna manera el hemisferio del que vengan o su circunstancia personal.

Hay dos tipos de personas en el mundo: Los imbéciles y los que no lo son, y tu lugar de nacimiento no tiene nada que ver con eso. Por eso soy la más tolerante, la que menos discrimina, la más justa. Todos esos despojos humanos me dan el mismo asco vengan de donde vengan.
¿El problema?
Que no siempre te pillan con todas contigo, que a veces les ves tan bestias que pueden ponerse violentos, que pueden dar problemas... ¡qué se yo!

Por eso desde aquí, envío un mensaje a los maleducados, bravucones y niñatos.
He aquí el Gyconsejo de hoy:


Emplead vuestra violencia física y verbal contra vuestros verdaderos enemigos, contra aquellos que no os han querido bien y os han conducido y empujado por el camino tan turbio que ahora seguís: Ahostiad a vuestros padres ya que ellos no lo hicieron con vosotros a tiempo, hazedlo por mí y por los que piensan como yo, pero hacedlo sobre todo por vosotros, por justicia. Justicia poética.


Qué asco de gente, de verdad.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Cuarto milenio, la nave del misterio y el "yuyu" padre

Voy a compartir con el mundo una aterradora, terrible, inquietante, horripilante y perturbadora historia. Si yo estoy fatal de lo mío, si estoy peor que una cabra alemana... debéis saber que es en gran parte por lo que voy a contar a continuación.

En mis comienzos universitarios, cuando aun me daba prisa por llegar al tren para llegar pronto por que contaba con que los profesores eran puntuales (lo que demuestra mi inocente inexperiencia), apenas reparé en ello. Algo dentro de mí me decía que algo inquietante pasaba, sentía una presencia espectral cerca ... pero no tenía tiempo para buscar la fuente misteriosa de aquella sensación, estaba demasiado ocupada pensando en la caminata asesina que me esperaba, una mañana más, estaba demasiado angustiada pensando que el tren estaba tan lejos de mi casa a propósito.
El otro día iba caminando calle abajo en mi paseo mortal de 20 minutos hasta el tren y reparé finalmente en aquel punto frío, en aquella zona maldita y diabólica que perturbaba mi paz espiritual matutina. Aminoré la marcha, giré la cabeza y vi que pasaba justo delante de ...




...un banco.




Ciertamente escalofriante.
Además, es un banco conocido cuyo color característico es el color rojo mejillas de Pikachu (lo digo así para no hacerle publicidad al Santander)... pero mi aguda mirada miope decidió ir más allá, decidí adentrarme en las profundidades abismales, tétricas y malignas del verdadero Mordor y di con el verdadero elemento que irradiaba todo ese mal rollo y esa sensación fantasmal:


















Podría destruirte solo con una mirada, pero le das pena y te perdona la vida






Llevaba observándome desde el primer día que recorrí ese camino. Tenía calculados mis movimientos. Se le veía en la cara que pensaba en algo perverso.

Y yo sé lo que piensa


"Esta pasa todos los días sofocada, medio ahogada y más roja que mi traje por correr hacia el transporte público... ¡JÁ, chusma!"


Jo Alonso, tú te ries porque tienes coche. Cuando domine el mundo vas a ir en triciclo a comprarme el Bono Transportes. Avisado quedas.



Historia patrocinada por la plataforma YTQQANMMPEDHCVQPPEBS
(Yo También Quiero Que Alonso No Me Mire Por Encima Del Hombro Cada Vez Que Paso Por El Banco Santander)

martes, 5 de octubre de 2010

Verdades inquietantes

Iba a actualizar el día 29 porque me apetecía que me llamasen esquirola *jijiji* , pero lo fui dejando y al final ya no tiene sentido que cuente lo bien que me lo pasé durante dos semanas metiéndome con mis camaradas los panfletistas de mi facultad. Y tampoco tiene sentido que cuente cómo el de Lengua Española me pilló gritando en el pasillo con el puño en alto que me daba por enterada de la huelga general mientras con la otra mano sacudía los tres mil panfletos y cuarto que me habían colocado en mis múltiples viajes por el pasillo central.

El caso es que mi vida es una tómbola de luz y de color. Sorprendentemente me he adaptado demasiado fácilmente para lo mafiosa que me he vuelto este verano. He conocido seres humanos y en principio no detecto ninguna sensación de rechazo hacia mi persona, lo cual es, sin duda, algo bueno. Bueno, hay una filósofa que sí me aborrece, pero como el sentimiento es mutuo, pues no cuenta

-Seguro que en otras facultades no hay tanta vocación como aquí. Mi carrera es más importante que la Biología, por ejemplo.
-*te iba a dar yo a ti con un Platón en toa la boca* Decías que estás estudiando Filosofía ¿no?
-Así es
-¿Y conoces ya a gente de tu grado?
-No
-Fíjate que no me sorprende =)

Inexplicablemente perdimos el contacto tres minutos después de conocernos. Y demos gracias. Yo por no tener que aguantarla y ella por instinto de conservación.
El caso es que como buena alumna, ya he fichado a mis profesores. Afortunadamente solo uno de ellos me ha fichado a mí, por lo que cuento aun con el anonimato, la invisibilidad, la actitud pasiva-comodona y el factor sorpresa en la mayoría de las asignaturas.
Que así siga.

Para que se hagan ustedes una idea... yo soy la persona más rápida de este hemisferio a la hora de verbalizar mis primeras impresiones. Eso se traduce en que cuando solo llevaba una semana de clase había escandalizado a medio Madrid con mis comentarios. En esa afortunada mitad de madrileños, se incluyen mis ex-profesores, con los que estuve charlando.
Conste que yo solo hablo cuando me preguntan, pero como la gente siempre pregunta... siempre hablo. Y ellos me pidieron un parte de primeras impresiones. Impresiones que todavía mantengo:

Mi profesor de Lengua Española (sí, el que me pilló en pleno arrebato en el pasillo con los panfletos) es la exaltación de la exaltación. Salta del suelo a la tarima y de la tarima al suelo al son de su desbocado corazón, que se desboca aun más al escuchar la palabra "gramática". Ese hombre siente verdadero placer hablando de categorías gramaticales y ese placer se vuelve casi físico en cuanto menta a la sintaxis. Estoy aun esperando el momento en el que hablando de pronombres y definiciones ostensivas se empiece a acariciar desabrochándose la camisa. Bueno, no. Realmente no quiero estar ahí cuando eso suceda, porque sé con certeza que ocurrirá.
Es vasco. Y conste que no tengo nada en contra de los vascos, pero cuando se pone a decirnos y a escribir frases en vasco en la pizarra comparándolo con el castellano me dan ganas de tirarle piedras porque a veces, en su frenesí, se olvida de traducir.
Digo más. Entre que escribe para el culo y a veces escribe en vasco, necesitamos una traducción simultanea a su ritmo.
El caso es que dos horas con ese tío equivalen a tres días en el coche de Fernando Alonso. Explica deprisa, lo que aun no es un problema porque me sé todo lo que está contándonos... pero es que también habla deprisa, lo que dificulta mucho la comprensión cuando ya estás mareada por sus gritos, su apasionado discurso y sus meneos espasmódicos por la clase. Y por si fuera poco, yo como me aburría, me puse a contestar a sus preguntas... ¿conclusión? el profesor más exaltado e inquietante de la facultad está informado de mi existencia y me ha fichado (se sabe mi nombre y tó). Que House nos pille confesados.

Al de francés aun no le conozco. Problemas personales, falta de organización en el departamento, los grupos no están hechos, cuando están hechos son muy numerosos, subdividirlos lleva tiempo, las subdivisiones por nivel salen irregulares... el caso es que aun no he visto el pelo al sujeto que me va a dar francés, por lo que deduzco que a este ritmo voy a hablar francés para cuando la Duquesa de Alba tenga el pelo liso.

El profesor de Lingüística Aplicada es un señor de Camerún que creo que habla francés y su pronunciación del castellano es cuanto menos peculiar. No quiero hacer comentarios sobre lo que me inspira que una persona que no habla correctamente me idioma venga a darme lingüística, pero el hombre me cae simpático y de momento parece tener idea de lo que habla, así que le daré un voto de confianza y me callo. Además, estuvo hablándonos de semáforos y nos hizo imaginar un hipotético "español de semáforo". Yo igual soy un poco literal, pero con lo del español de semáforo automáticamente pensé en un rumano vendiendo cleenex en un semáforo del paseo de la Castellana, pero por lo menos la cosa estuvo entretenida y se podía atender a la clase porque no le daba por bailotear en clase con exaltación y se entendía lo que escribía en la pizarra.

En inglés tengo dos profesores. El que me suele dar todos los días "listening" y "writing" y el que de vez en cuando da "grammar".
El primero es un esparraguín: alto y muy degadito con gafas y mucha pinta de británico. Tiene incluso aspecto de buena persona. ¿El problema? Que el buen hombre tiene esa fea tendencia de hablar para adentro. Habla en braille. Habla en ultrasonidos. Le gusta que el cuello de su camisa sea el primero en enterarse de lo que dice y le gusta aun más que los que están en segunda fila tengan la cabeza girada como gilipollas para adivinar qué dice. Yo suelo estar en la séptima u octava fila porque tengo que cambiar de módulo y me quitan los sitios, por lo que recurrí a la ancestral técnica de decirle la dura verdad: Que llevaba 10 minutos hablando y yo aun no había logrado recibir ningún mensaje claro y completo.


- *Hablando p'adentro* We were talking about phonetic transcription...
-Can you speak louder, please?
-*hablando p'adentro* Yes, of course...
-...
-*hablando aun más p'adentro* Voiced and voiceless...
- O_O

El caso es que si estás casi sentada en sus rodillas sí le escuchas y habla bastante clarito con un acento muy chulo, pero es que no es plan de que 40 personas se sienten en corro en la tarima.
Por otro lado, el hombre que nos da "grammar", habla a un volumen normal y audible. Pero aun ninguno en clase ha logrado comprender una frase entera de lo que dice. No sabemos de dónde es ni en qué lugar del mundo se habla ese inglés, pero el día que salga de clase diciendo que lo he entendido al cien por cien, tendrán que darme el nivel profesional de inglés ipso facto.


Y finalmente... el profesor de la peor y más aburrida asignatura que tengo CON DIFERENCIA.
Literaturas Europeas está impartida por un hombre que se ha escapado de una novela de Jane Austen. Va como un pincel, el peinado es absolutamente indescriptible y sus gestos no tienen precio. Nada más verle supe que iba a dar juego.
Pero no me imaginaba que tanto. Es una mina de características que pueden proporcionarme grandes ratos de maldad gratuita. El señor este tiene una voz profunda y encima habla lento, con grandiosas pausas dramáticas por lo que el ritmo de su discurso tiene una calidad de mierda. Es la némesis del de Lengua Española. Muy parsimonioso, sin prisas, agobiante de lo lento que es... ¿que lleva dos horas y tenemos que irnos? no pasa nada, él termina, que se esperen los otros. Además, habla en italiano, francés, griego, latín... y ni los de Humanidades tienen tanto nivel en latín, por lo que tenemos que pedirle traducciones. Y divaga. Divaga mucho. Empieza a hablar de Aristóteles y salta a Sartre para ir después a Goethe, después a Quintiliano y volver a Aristóteles creyendo que llega a alguna gran conclusión. Empezamos las clases tratando de definir conceptos... pues yo todavía no tengo ninguno. Solo tengo 6 hojas de apuntes con saltos espacio-temporales y reseñas aristotélicas.
Y además la asignatura en sí es infumable. Insoportable, sencillamente. No hay por dónde cogerla. Y no es que yo sea de ciencias, que también... es que no lo soporta nadie.
Y sus salidas de clase son tan, pero tan épicas... solamente le falta un fulard y enroscárselo al cuello en plan Cruela De Vil... sencillamente terrible.

Después de contarle esto mi ex-profesora de Mates me ha obligado a apuntarme mis pensamientos durante las clases para que algún día escriba un libro.
Creo que me censurarían el 90%. Y si lograse publicarse íntegro... no aprobaría ni caundo Ramoncín dejase que alguien se descargase discos en su casa.


Para que luego digan que no me lo ponen a huevo