jueves, 24 de mayo de 2012

Cultura general (II)

No quiero perder el camino. He de seguir con la intención de educar, ilustrar y culturizar al personal antes de que esto termine convirtiéndose un blog de cine.

Puede que todos nos sintamos muy especiales y muy únicos, pero existiendo expresiones que empiezan por "hay dos tipos de personas" y sabiendo que somos siete mil millones en el planeta... yo no digo nada y lo digo todo.

*Ockham y su navaja, destruyendo ilusiones de hipsters y modernos desde siempre*

Habrá quien me diga que es injusto hacer clasificaciones tan superficiales y maniqueistas cuando estamos tratando de criaturas complejas, sensibles y contradictorias como son los seres humanos. Y puede que esté en lo cierto. Pero también es muy injusto tener que vender un riñón para conseguir un abono transportes en Madrid y aquí nadie dice nada.

Ea. Ahí os he pillao ¿eh?, ¿eh?

A ver si aprenden ustedes algo, hombreya



1.

Los que saben cerrar una puerta al abandonar una habitación:
No se ha confirmado su existencia. Son los unicornios del siglo XXI. Posiblemente no existan o solo aparezcan los 29 de febrero que coinciden con la conjunción de los ocho planetas del Sistema Solar, pero cuenta la leyenda que poseen la insólita capacidad de, con ayuda de su pulgar prénsil, agarrar el pomo de la puerta y aplicar la suficiente fuerza como para mover la puerta hacia su posición inicial. Y no solo eso. Con un sutil y elegante giro de muñeca que ya quisiera Federer, son capaces de concluir el proceso y cerrar definitivamente la puerta. En mis años de investigación no he logrado presenciar el fenómeno en directo, pero se ha convertido en mi búsqueda particular de El Dorado.

Y los que no:
Los meros mortales que entran en una habitación, normalmente sin llamar, y la abandonan dejando la puerta abierta. Estos especímenes se manifiestan en todos los colores, formas, tamaños y edades. Su cerebro está diseñado para recordar y reconocer ordenes de elevada complejidad, pero debido a un gen aun no identificado, la oración "cierra la puerta al salir" bloquea sus capacidades cognitivas provocando un momento muy tenso conocido por los expertos como "ignorar vilmente lo que te acaban de decir". Los afectados probablemente saltarán indignados y correrán hacia la puerta y la cerrarán ellos mismos presas de la indignación, el desconcierto y la resignación. No hay cura conocida.

2.
 Los que saben enrollar los cables de los cascos:
Gente que es lo suficientemente ordenada y paciente como para doblar los cables de tal manera que, al guardarlos, no se despendolen y comiencen a hacer triples nudos con pirueta y doble salto mortal hacia atrás.

Los que no:
Comienzas intentando colocarlos bien, pero a los dos segundos te frustras, los haces una bola y los guardas dentro del bolso/bolsillo/cajón sin ningún tipo de miramientos. Al fin y al cabo, el cable es un objeto inanimado que no posee la capacidad de moverse por sí mismo y jamás podría acabar peor de lo que tú lo dejaste ¿verdad?. Da igual cuánto tiempo permanezcan los cascos en el bolso/bolsillo/cajón, una vez vuelvas a buscarlos no sabrás qué es la vida ni qué has hecho para merecer esto. Te plantearás no escuchar música, pero las ganas te vencerán y entonces dedicarás un tiempo indeterminado de tu vida en averiguar cuál es el camino más corto para deshacer aquel embrollo y te jurarás a ti mismo que la próxima vez no dejarás que te pase. Te prometerás que lo enrollarás con mimo, amor y cuidado, pero la promesa durará el tiempo que  tardes en deshacer el lío. Y vuelta a empezar.

3.
Los que hacen las camas como si no tuviesen otra función vital de mayor importancia:
En este grupo destacan las madres. A ellas no les vale que hagas la cama. Quieren que la hagas bien. Por bien, ellas entienden que la sábana tiene que ser una con el colchón. No debe existir ni la más mínima arruga, ni la más mínima desviación. La sábana tiene que quedar justo en el centro y tiene que medir lo mismo el trozo que cae por el lado derecho que el que cae por el izquierdo. Por supuesto, todo tiene que quedar convenientemente estirado antes de meter lo que sobra por debajo del colchón con tal saña que luego no puedas moverte por la noche. Las madres no "arremeten la sábana". Las madres amortajan el colchón. Lo momifican. No podemos olvidarnos del embozo. No pede ser ni muy largo, ni muy corto y la almohada tiene que ponerse concretamente de un lado. El otro lado no les vale. Y aun con todo eso no les da pereza abrir la cama, sabiendo que tendrán que repetir el proceso al día siguiente.

Y los que no:
El resto del mundo. La cama se estira un poco y se echa el edredón por encima porque nadie va a notar las arrugas de debajo gracias a los 8 cms de grosor del nórdico. Y así vivimos en una gran mentira.

4.
Los que ven Gran Hermano (*)

NADIE. QUÉ COSAS TENÉIS. VAYA COSAS SE OS OCURREN ¿QUIÉN VA A VER GRAN HERMANO? ¡PUES NADIE! Nadie y el 25% de audiencia.

Y los que no:
Hay gente que no los ve. Pero nadie cree que haya gente que no lo vea porque se sigue emitiendo. Entonces si dices que no ves Gran Hermano significa que lo ves y si dices que ves Gran Hermano significa que también lo ves y que además no te averguenza admitirlo. El hecho de que haya gente que sienta vergüenza por ver ese programa, a parte de estar completamente justificado, indica que hay gente que no lo admite pero que lo ve. Podríamos hacer un Gran Hermano con la gente que no ve Gran Hermano para saber si realmente ven Gran Hermano. Conclusión: TODOS VEMOS GRAN HERMANO


¡Nooooooooooooooooooooooooooooo!

 
¿Sí? ¿No? ¿Me he liado? ¿Yo veo Gran Hermano? ¿Me lo puede confirmar alguien?

5.
Los que se quejan todo el invierno de que hace frío, pero cuando llega el verano se sorprenden por el calor:
Esos especímenes son los que ponen la calefacción a 35 grados en enero y aseguran que se mueren de ganas de que llegue el verano. Sin embargo, cuando el calor aprieta y ya hay que ir con camiseta corta y abanico, lloran. "Hace mucho calor", "¡Qué calor más horrible!", "En cuanto llegue a mi casa pongo el aire acondicionado", "¿30ºC a la sombra? ¡Esto es inhumano!". ¿No queríais arroz? Pues tomad dos tazas.

Y los que no:
Los que tienen una clara preferencia por un tipo de clima, con consecuentes y no dan por saco todo el día hablando del tiempo. A mí me gusta el frío. Jamás se me ha oido quejarme del frío en invierno, por lo tanto eso me da derecho a quejarme del verano. A quien le guste el calor y no se queje de él, le damos permiso para que se queje del frío. Y esto es así.



(*) Aplicable a otros programas que se emiten y nadie ve.