jueves, 12 de junio de 2014

Testimonios de una usuaria de transporte público

Todos hemos lidiado con el transporte público más de una vez y más de dos. Sobradamente conocidas son sus virtudes, al igual que sus defectos  pero como ya se sabe yo aquí vengo a hablar de los segundos.


El metro.

  • Su rapidez es muy relativa. Ahora me diréis lo que queráis, pero los que han decidido la cadencia de los trenes tienen, como mínimo, conmoción cerebral. Si no, a mi que me expliquen por qué sobre las diez de la noche estás en el centro y tienes que esperar 10 minutos de media por cada tren. Es bien sabido que a las ocho de la tarde en pleno centro de la ciudad (sea el día que sea) la afluencia de gente es mínima. Si ya quieres ir a las afueras, prepárate a morir. Además, han reducido el horario de servicio entre semana... ¡buena suerte si encima tienes que hacer transbordos!
  • La gente es idiota. Hay una norma básica en esta vida, y es la de "dejar salir antes de entrar". La gente la respeta poco, pero en el Metro menos que en ningún sitio. Si quieres salir del vagón, tendrás que luchar contra una marea de imbéciles para conseguirlo. Si quieres entrar y eres una persona normal, verás cómo se forma un tapón, cómo entran los imbéciles, cómo salen los pobres pasajeros del vagón tras haber plantado batalla a los imbéciles y, por último, comprobarás, no sin asombro, que no cabes pese a que eras el primero esperando para subir al vagón.
  • No funciona nada. Si tienes la desgracia de estar en una estación profunda tipo MORIA, prepárate para que las escaleras mecánicas no funcionen. Si hay ascensor, prepárate para que no funcione o aun mejor, que funcione pero que nadie lo haya limpiado en años. Si encima tienes que pasar tornos, prepárate para que abran pocos y tener que aguantar cola para salir de los pozos del infierno.
  • ¿Tienes abono transportes? ¿Quieres ir al aeropuerto y lo cubre tu zona? ¡Te jodes! Te toca pagar suplemento por el artículo 33.
  • En verano tienes muchas posibilidades de morirte en algún vagón antiguo de metro porque no les sale de las narices poner el aire acondicionado. Hay líneas que lo tienen y líneas que no ¡Elige tu propia aventura!


El autobús.

  • Los conductores son amor. Esto es una generalización, pero sin duda nadie podrá negar que los "autobuseros" pueden competir en simpatía con los taxistas.

-Perdone, ¿pasa por Plaza de Castilla?
-ÑEH ¬¬
-...Gracias

-*Le das un billete de 5 euros*
-¿DÓNDE VAS CON UN BILLETE? ESTO HAY QUE TRAERLO EN MONEDITAS, HAY QUE VENIR PREPARAO
-...ok... perdón.

  •  Da igual quién seas o la frecuencia con la que utilices el autobús: todo el mundo tiene una historia dramática en la que la persona más desaseada de todo el vehículo se sienta a su lado. Normalmente es un señor de edad variable que lleva camisa de manga larga en verano.
  • Los conductores de los nocturnos son corredores de Fórmula 1 en prácticas y eso lo sabe todo el mundo. Son lo más parecido que tenemos al autobús noctámbulo, pero sin molar. Muy buena suerte mientras intentas caminar hacia la salida trasera del autobús mientras el conductor va dando bandazos y coge las curvas como Senna en Tamburello
  • Solo queda un sitio junto a la ventana, pero está ocupado por el bolso y las bolsas de una señora de una edad indeterminada entre los 60 y los 80 que es plenamente consciente de que está ocupando dos asientos. Te jodes, vas de pie.
 
 
 El cercanías

  • A veces son puntuales y otras veces no lo son. Nunca sabes de qué humor van a despertarse los responsables del servicio por lo que tú quedas a expensa de lo que a ellos les apetezca hacer. Además, si pierdes un tren y ves cómo se va, se cumple casi literalmente ese dicho de "este tren pasa solo una vez en la vida". 
  •  Una mañana cualquiera me subí al vagón, me senté junto a la puerta y esperé a llegar a mi parada. Yo y otras veinte personas nos levantamos para salir por la misma puerta por la que habíamos entrado. No solo no se abrió, sino que las dos siguientes tampoco lo hicieron. ¿Resultado? Las veintitantas personas que estábamos allí nos quedamos de pie mirando cómo el tren arrancaba con nosotros dentro, alejándonos de nuestra parada. Las putas puertas se terminaron abriendo en la parada siguiente y tuvimos que esperar media eternidad para volver a nuestro destino. Desde entonces tengo problemas de confianza con las puertas automáticas.

Visto el percal algunos pensarán "pues igual compensa tener coche así te ahorras tener que esperar o aguantar a imbéciles" pero la cruda verdad es que tener coche también tiene sus partes negativas (mantenimiento, seguro, gasolina...) así que voto por invertir en ciencia y en la investigación de la TELETRANSPORTACIÓN, porfi.








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