miércoles, 6 de junio de 2012

Los dramas de la crisis: El butanero

No se dejen ustedes engañar por el título. No quiero crearles falsas espectativas, puesto que normalmente cuando en una historia interviene un butanero, la gente suele pensar en verde.

Nada más lejos de la realidad. Yo formo parte de ese sector tan atrasado y cada vez más pequeño de la sociedad que aun consume gas butano. Bueno, técnicamente yo no lo consumo, de hacerlo puedo asegurar con absoluta certeza que me habría muerto y no habría tenido que soportar lo que ahora mismo voy a contar *Nota mental: empezar a consumir butano para evitar males mayores*. Esta historia completamente real la titularé:


El butanero y el misterio de la falta de liquidez


Debido a mi infinita sabiduría y mi increíble eficiencia, he aprobado todos los exámenes, lo que significa que estoy de vacaciones *Corre en círculos para celebrarlo*. Como único ser humano que habita mi casa por las mañanas, me encargo de las tareas domésticas con mayor o menor éxito y eso incluye comprar butano. No sé cómo funcionará el proceso de adquisición del butano en otras zonas de España, pero por aquí simplemente estás pendiente de que pase el camión pitando, te asomas a la ventana y pides lo que quieres al butanero. Bien. El miércoles de la semana pasada esperé toda la mañana a que apareciese el bendito camión al que, a partir de ahora, llamaré camión unicornio. 

El camión unicornio pasa cuando le sale de las bujías. Antes solía ser puntual y era más reloj de cuco que unicornio, pero con el cambio de personal han cambiado los hábitos del camión. No me preguntéis por qué.

El caso es que el miércoles esperé y esperé... y cuando el camión unicornio se dignó a pitar para anunciar su llegada... ya estaba lejos de mi alcance. No pude coger la bombona de butano. Drama nacional. Muerte.

Esperé pacientemente al viernes. Decidí que ya no se me escaparía, estuve pegada a las ventanas sin poner música alta porque  no podía permitir que el camión unicornio, esquivo como es, huyese nuevamente. Y efectivamente, no lo hizo. No se me escapó esta vez, no señor. Qué va. Estuve muy, muy, muy muy atenta y fue imposible que se me escapase. ¿Y por qué estoy tan segura? Porque no vino.

A esas alturas yo ya planeaba ir a buscar yo misma al camión y a los butaneros, pero lamadrequemeparió me dijo que, como aun nos quedaba algo de gas, esperase al miércoles siguiente, es decir, hoy. Me he levantado temprano, preparada, pensando en la posibilidad de adquirir un arpon de matar ballenas para detener al camión unicornio en caso de que se produjese otro intento de huida. Pero lo logré sin el arpón. Yo solita. Cuando llamaron al interfono yo debí de intuir el peligro al que me enfrentaba, pero no lo hice ante la emoción de conseguir, por fin, la tan ansiada bombona de butano. 

Al atender al interfono para abrir el portal, una criatura que luego resultó ser el butanero se dirigió a mí con un acento que... que era como un monstruo de Frankenstein de todos los acentos raros del idioma.Ese hombre no había creado un acento. Había creado un mosntruo.

-Szoy erdelb'tano

Traduje eso como "soy el del butano". Cosa que era, por otro lado, era una gilipollez supina anunciar casi equiparable al célebre "soy yo" puesto que ya le había avisado yo y sabía quién era.
Al llegar a mi piso deja la bombona y me mira poniéndose unas gafas de leer:

-Szon... ejame'er... szon ince'on'ezenta
-¿Qué? ¿Cómo? ¿Ein?
-¡Ince'on'ezenta!
-¿Quince? ¿Quince con sesenta?
-Eho, hija, eho, quepaece knomentiendeh

Una vez superado el bache comunicativo, le doy un billete de veinte euros y el señor, hurgando en todos los bolsillos que había a la vista, comenzó a sacar calderilla y se puso a mirar las monedas acercándoselas mucho a la nariz.

-M'ah dao einte 'uros ¿no?
-Eso es lo que pone en el billete. Billete azul. Veinte euros. Eso es. Eso te he dado. Veinte. 
-Ea, toma

Me tiende una moneda de un euro y yo, con mi rápida mente científica, detecto el error en la operación.

-Perdone, no quiero ponerme quisquillosa ni que me contagie su forma de hablar, pero no me ha dado bien el cambio.
-Ehque no engo cambio

A esas alturas miraba al descansillo buscando la cámara oculta

-Mía, si 'eres, poemoh asé una 'osa...  yo me voy y t'echo lo que fartanelbuzón
-Nonono. A ver, usted tiene que traer cambio consigo... es lo normal... es su obligación.
-Pohmía...poemoh asé otra 'osa, te bajah conmigo arcamión y te doy ercambio. Peo no sztoy seguo de teneh dinero'n el camión ampoco.

No entraba en mis planes bajar al camión unicornio a buscar cambio con semejante personaje. Mi vena del cuello estaba alcanzando dimensiones  que estaban completamente fuera de lo razonable y decidí actuar.

-Mire, yo le juro por mi padre que la próxima vez no hace falta que suba usted la bombona. Bajo yo. La subo yo solita. NO LE NECESITO ¿VALE? , me ignoró la semana pasada y hoy llevo toda la mañana esperando a que se le pusiese en las narices aparecer. Ahora que por fin aparece sube sin cambio para un billete de veinte euros y quiero llorar mucho y muy fuerte, así que preste atención porque esto es lo que vamos a hacer: deme primero el billete de veinte que le he dado y voy a ver si tengo el dinero justo.
-No te voy a dah er billete, hija. ¿Con que me vaha pagáh si no?
-¡Pero si usted dice que no tiene cambio!
-Poh eso, que no 'engo cambio
-Pero no se va a llevar 5 euros por la cara. 
-Ehta profesión eh mú dura ¿eh? he subío mushas ehjcaleras
-¿Me va a dar el billete hoy o mañana?
-Peroehque 'engo prisa.
-Y yo tengo la tensión alta, no te jode. No es mi problema, haber subido con cambio, coñoya. Espere aquí quietecito
-Mía a vé si ties argo pohahí, pohfavó.

El butanero me devuelve MI billete con reticencias y le dio que se espere ahí mientras él mira con arrobo sus moneditas a dos centímetros de su nariz.
Cuando regreso, dos minutos más tarde, he tenido que cogerle dinero de la hucha a mi hermano pequeño porque yo no tenía suelto para dárselo justo.

-Venga, tome, ya está, quince con sesenta. Déjeme llorar a solas.
-¡Mía! ¡Qu'al final si 'engo cambio! 
*Saca monedas suficientes para darme el cambio que correspondía al billete de veinte*
-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGGGGGGGGDFJKLGHDKJFAKJGASDJFGHADKG
-¿Y no me vah a dáh una propinilla?

Y esta es la historia de cómo asesiné al butanero.

Bueno, realmente no le he asesinado. Solo le grité un poco. Un mucho.

Ya no solo escribe un libro o lanza un disco cualquiera. Ahora también cualquiera pide propina.

2 comentarios:

  1. -¿Y no me vah a dáh una propinilla?

    -"Lo siento, no tengo cambio".

    XDDDD


    PD: La próxima vez mira a ver si lo puedes comprar en una gasolinera, es lo que hacía yo cuando tenía butano ;-P

    PD2: O mejor aún, ponte gas natural :-P

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  2. Madre mía, qué sufrimientos me evito por no tener butano, y yo sin saberlo. xD

    De verdad, me mata tu forma de contar anécdotas indignada. xDDDD

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