domingo, 27 de noviembre de 2011

Hay una carta para ti (VII)

La dicharachera epístola esta vez va dedicada a...


Los impuntuales.


Estimado amigo impuntual:

Me dirijo a usted con la firme intención de manifestarle mi profunda curiosidad por esa desconcertante condición que es la impuntualidad. Según estudios recientes avalados por la Universidad de los Estudios Inútiles y el Instituto Tiremos-El-Dinero-Que-Nos-Sobra he podido comprobar que la impuntualidad no es un rasgo genético asociado a una sola raza, a una latitud o a una longitud. Es un fenómeno repartido de manera homogénea a lo largo y ancho del planeta al que todos estamos expuestos. Todos conocemos individuos que, como usted, carece de la capacidad de mirar un reloj. Ustedes los impuntuales poseen una disfunción motriz de los pulgares prénsiles que les impide ponerse un reloj de muñeca o pulsar una tecla al azar del móvil para ver la hora. Ahora la cuestión que nos ocupa es cuanto menos turbia:

¿El impuntual nace o se hace?

Según el Centro de Investigación Hagamos-un-estudio-para-que-lo-saquen-al-final-del-Informativo la puntualidad es una habilidad ninja que se aprende gracias a las lecciones magistrales de nuestro primer reloj suizo: Las madres. Allá donde hay una madre no hay impuntualidad. La impuntualidad, por temor a la mirada de la muerte, se autodestruye antes de entrar por la puerta. No quiero sembrar el desasosiego en su alma, pero es mi deber informarle de que si es impuntual, usted y solo usted tiene la culpa.

Según una convención social que aun no he logrado entender, usted dispone de un margen de 10 minutos que se denominan "de cortesía". No obstante, sabemos que usted no los tiene en cuenta. Una vez que la cortesía de la persona que le está esperando se ha agotado completamente usted hace acto de presencia caminando con una gran parsimonia como si la cosa no fuese con usted. En este caso, cotidiano para usted, pueden ocurrir dos cosas:

  1. La persona que le está esperando le mirará con considerable hostilidad y hará algún comentario del tipo "cómprate un reloj" o "¿qué horas son estas?". Le recomendamos que, si no tiene mucha confianza con la persona, se invente una excusa que justifique su poca vergüenza. En caso de que haya confianza... por lo menos invite a algo a esa criatura paciente que tiene por amigo.
  2. Usted llegará al punto de encuentro y, para su sorpresa no habrá nadie. No se sienta aliviado. Con toda seguridad usted no ha sido el primero en llegar lo que significa que sus compañeros se han hartado de esperarle durante 30 minutos y han regresado a sus casas. Le recomendamos encarecidamente que vuelva corriendo a su domicilio y esté pendiente del teléfono. Probablemente usted recibirá una llamada poco amigable a lo largo de la jornada.

Yo sé bien que de ser por usted, se habría quedado 12 meses en el vientre de su madre, pero la oxitocina, esa hormona traicionera, le metió prisa. He aquí mi consejo amigo: Acostúmbrese. La gente no vive para esperarle a usted por mucho que se empeñe. Hemos detectado que existen sujetos que, a parte de convertir la impuntualidad en una norma en sus relaciones sociales, también lo hacen en su vida profesional. Sigan mi consejo, amigos:

Más vale fichar tarde que nunca, pero si no quiere dejar de fichar, mejor sé puntual.


Aquí le adjunto un bonus track:


Los impuntuales que se dedican a la docencia.

Esta subespecie de impuntuales sufren este mal de una manera mucho más severa que el resto de sus compañeros de fatigas. Son especímenes que poseen una autoridad que no la da firmar una nómina. Son seres ancestrales que se ganan el respeto, el miedo y el odio encubierto de los alumnos a golpe de ausencia y boli rojo.
Estimada persona puntual que padece los abusos de estas criaturas sin corazón, lamento comunicarle que está completamente indefenso a los perversos deseos de esos impredecibles seres. He aquí las normas básicas de comportamiento del típico profesor impuntual:

  • Faltará sin enviar un aviso y le importará un comino que usted, persona responsable, haya tenido que hacer un viaje para nada.
  • Encima de faltar, pedirá que buseque una hora libre en su horario para recuperar una de las muchas clases a las que faltó.
  • Si llega con media hora de retraso al aula, puede darse con un canto en los dientes.
  • Si llega a clase y no hay nadie, encima se ofenderá.
  • Si hay gente que no puede asistir a la clase de recuperación porque el horario coincide o por cualquier otra circunstancia, se sentirá agredido, menospreciado y vilipendiado como ser humano y llorará porque no se valora su titánico esfuerzo.
  • Inventará excusas estúpidas que pueden desmontarse con suma facilidad.
  • Y por último, pero no menos importante... este tipo de profesores, a parte de todo lo anterior, tienden a ser bastante mediocres en líneas generales.


Diga no a la impuntualidad. Diga no dos veces a la impuntualidad si encima es profesor.


Sin otro particular (que no quiero entretenerle en caso de que vaya a ir a algún sitio), le saludo atentamente.

2 comentarios:

  1. Aqui te escribe una impuntual. He de decir que gracias a la ayuda de mi pareja he mejorado bastante en este aspecto. Sus constantes "aun no has acabado?" acompañados con chasquidos de lengua y sus gruñidos me han hecho ser más rapida... todo sea por no escucharle.

    También he de decir a mi favor que si voy a llegar muy tarde aviso al personal para que se vayan sin mi.

    "Yo sé bien que de ser por usted, se habría quedado 12 meses en el vientre de su madre" ... No lo sabes tu bienXD

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  2. Dios, clavaste a los profesores de universidad xDDD. Siendo mi primer año y ya se nota...qué deprimente u.u

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