Todos hemos lidiado con el transporte público más de una vez y más de dos. Sobradamente conocidas son sus virtudes, al igual que sus defectos pero como ya se sabe yo aquí vengo a hablar de los segundos. El metro. Su rapidez es muy relativa. Ahora me diréis lo que queráis, pero los que han decidido la cadencia de los trenes tienen, como mínimo, conmoción cerebral. Si no, a mi que me expliquen por qué sobre las diez de la noche estás en el centro y tienes que esperar 10 minutos de media por cada tren. Es bien sabido que a las ocho de la tarde en pleno centro de la ciudad (sea el día que sea) la afluencia de gente es mínima. Si ya quieres ir a las afueras, prepárate a morir. Además, han reducido el horario de servicio entre semana... ¡buena suerte si encima tienes que hacer transbordos! La gente es idiota. Hay una norma básica en esta vida, y es la de "dejar salir antes de entrar". La gente la respeta poco, pero en el Metro menos que en ningún sitio. Si quieres salir ...
Ya sabréis de mi vida cuando publique yo misma mi biografía no autorizada, hagan una peli basada en ella y termine podrida de dinero. Hasta entonces paciencia.